Es un hecho que el actual sistema de pensiones no está cumpliendo el objetivo para el cual fue creado. Hoy cerca de un millón doscientas mil personas reciben pensiones gracias al Pilar Solidario, o sea para ese gran porcentaje de la población, las AFP no lograron cubrir una pensión mínimamente digna.

En ese sentido, no es de extrañar que muchos prefieran retirar el 10% de sus fondos y al jubilarse, acogerse al beneficio que el Estado entrega. El Chile actual sufre una evidente desafección respecto de este tema: cuesta entender que, pese a que los dineros en las AFP sean nuestros, no los podemos tocar hasta nuestra vejes, hecho que se suma a que gran parte de la ciudadanía no tiene visualizado en su horizonte la jubilación y, por último, casi nadie cree que va a acceder a una pensión digna; entonces evidentemente surge la pregunta de para qué estoy ahorrando.

Siendo así, pareciera lógico el retiro del 10% de nuestros fondos previsionales, pero la situación no es tan simple. Partamos por el hecho de que el Estado no está en condiciones de cubrir pensiones solidarias para toda la población, no fue el principio que inspiró dicha reforma legal; por lo mismo, si el acuerdo será retirar esos fondos, hay que establecer una fórmula para su reintegro, que requerirá de compromisos compartidos entre los cotizantes y el Estado. No puede ser el afiliado quién asuma todo el costo por una situación completamente ajena a él, pero tampoco las arcas fiscales alcanzan para reintegrar onerosamente dichos fondos.

Ante ello y frente al escenario que se avecina, es momento de sincerar cómo recuperar ese 10%: una opción es incrementar la edad de jubilación en al menos dos años, otra diseñar un fondo solidario Estado/empleador o una especie de nuevo bono de reconocimiento. Lo claro es que, a diferencia del Éxodo, acá el “maná” no caerá del cielo.

Felipe Vergara

Analista Político

Universidad Andrés Bello

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