Las tres etapas del amor: ¿Qué viene después del romanticismo? 

 Especialistas explican las conexiones a nivel neuronal y hormonal que dan vida a las distintas etapas del amor. La fase de “romanticismo” duraría alrededor de tres años. ¿Qué ocurre después? 

 El amor, definido como un sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser, es un concepto universal, sobre el cual abundan las teorías, experiencias y especulaciones. Pero, ¿cómo funciona en nuestro cerebro? 

 El Dr. Andrés Villagrán, neurólogo de Clínica Ciudad del Mar, reconoce que existen diversos estudios de neurociencia donde se exponen los procesos químicos y neuronales que están relacionados al amor.  

 “En una primera instancia se presenta la llamada etapa de deseo, en la cual hay un rol muy importante de hormonas, de andrógenos y testosterona, posteriormente, se da la liberación de cortisol que genera una sensación placentera”, explica el especialista. 

De ahí que esta primera fase se relacione con la necesidad de privilegiar la unión sexual, poniendo foco en la atracción por un otro que, de continuar, puede pasar a la segunda fase. “Se conoce como la etapa de amor romántico, en la que se dirigen todos los sentidos hacia una misma persona, aquí predominan otro tipo de neurotransmisores, donde destacan la dopamina, principalmente, y luego la norepinefrina y la serotonina”, aclara el Dr. Villagrán.    

 Al respecto, el Dr. Juan Pablo Mansilla, neurólogo de Clínica Ciudad del Mar, agrega: “Esta explosión de neurotransmisores activa el sistema de recompensa, es decir, la persona se va sintiendo retribuida por este amor y finalmente esto se va autorregulando. En algunos se extiende por más tiempo que en otros, pero en general, dura en promedio unos tres años”. 

 Este amor “verdadero”, donde generalmente se fortalecen las relaciones exclusivas con fines de crianza, puede evolucionar a una tercera etapa, más conocida como el apego. “En esta fase, hay otras sustancias químicas que son de gran importancia como la vasopresina y la oxitocina”, dice el Dr. Villagrán, y añade que permite, principalmente, estar durante el proceso de infancia con un hijo. 

En ese sentido, el Dr. Mansilla afirma: “Dichas hormonas se producen muchas veces, por ejemplo, cuando un hijo está lactando o cuando hay un abrazo con la pareja, lo que va generando un amor distinto, dado por el apego, la seguridad o porque estamos tranquilos con esa persona”.  

 De ahí entonces que el amor a los familiares es más confiable y duradero, se trata de un lugar conocido y seguro, donde las personas tienden a relajarse, liberando hormonas que perpetúan el sentimiento.