La educación superior entendida como la última fase que contempla el aprendizaje formal, prepara a técnicos y/o profesionales para enfrentar e innovar en el mundo laboral.  En este caso, se pondrá en evidencia la importancia de equipar a los estudiantes de herramientas válidas para fomentar el Desarrollo Económico Local (DEL),  el cual persigue “mejorar las condiciones de vida de la población mediante un procedimiento organizado y concertado entre diferentes actores locales, en la perspectiva de un uso eficiente y sostenible de los recursos propios existentes” (Zubieta, 2004), a lo cual es pertinente incorporar la concientización de conceptos como territorio, identidad y sustentabilidad.

En la actualidad, el conjunto de instituciones que conforman el sistema de educación superior (Universidades, Institutos Profesionales y Centros de Formación Técnica) tienen el desafío de colocar su conocimiento en beneficio de los territorios, a través de la generación de estrategias que se transformen en verdaderos propósitos para poner en valor las dimensiones de la sustentabilidad y sus agregados, es decir, con una mirada de lo local como fenómeno, donde exista una dialéctica permanente entre lo económico, social y medioambiental, así como también considerar aspectos políticos y culturales que refuerzan la idea de identidad.

La noción de desarrollo es definida por Orduna (2000) como “aquel proceso de mejora de las condiciones de vida de un territorio concreto, asumido y protagonizado por la población local”, se entrega un especial énfasis a las condiciones de vida en el territorio, lo cual implica una responsabilidad mayor que traspasa la frontera de la mera producción y crecimiento que acostumbraban a enseñar las escuelas de negocio del siglo pasado.  Por lo tanto, en el plano educativo el desafío está dado en buscar las formas de establecer una visión más holística sobre el desarrollo, la cual implique un análisis crítico de los diferentes modelos insertos en la sociedad, con el fin de generar una concientización que aborde los territorios como entes dinámicos desde su complejidad.

El desafío para abordar el fenómeno local desde la educación superior, está dado por propiciar un escenario donde todos los actores involucrados en el proceso educativo se comprometan decididamente con su entorno y tomen conciencia del desarrollo local, esto se puede lograr de diferentes formas tales como: generando diálogos público-privados; acercando la producción al empleo; acompañando en su proceso de transformación a las empresas locales; incentivando la investigación aplicada; incluyendo la participación de actores locales muchas veces invisibilizados como son los gremios y las ONGs, entre otras que cumplen un rol regulador permanente de los fenómenos sociales.  En este sentido, resulta interesante la definición de desarrollo endógeno que plantea Boisier (2001) que indica que es “un modelo de análisis, una interpretación orientada a la acción en políticas públicas, en la que los actores locales, a través de sus decisiones e iniciativas, marcan la senda del desarrollo”, lo cual refuerza cada una de las ideas mencionadas en este párrafo.

Las políticas públicas orientadas al sistema de educación superior deben expresar consistencia y continuidad en sus propósitos centrales, buscando entregar la cobertura necesaria que le permita llegar cada vez a más estudiantes, potenciando a los territorios desde sus diferentes esferas, incorporando a la descentralización como un factor preponderante a la hora de implementar sus planes de estudio, apostando a una calidad que le permita garantizar el aporte necesario al lugar donde se encuentra inserta, buscando altos grados de pertinencia con los territorios, apostando a la diversificación para enriquecer el espectro educativo que tiene su llegada en la sociedad.

En el año 2015 se promulgó en Chile la Ley 20.910 que estableció como política pública instaurar los Centros de Formación Técnica Estatales, como entes descentralizados, considerando la importancia de generar una educación con mejor calidad, procurando un desarrollo  equilibrado de la oferta educativa en relación a las necesidades sociales, además de incorporar las necesidades de los mercados locales, los requerimientos de los sectores productivos con una perspectiva de desarrollo regional y local, en esto es importante considerar que tanto la educación pública como privada están aportando de manera decidida en las localidades.

Una de las principales transformaciones sostenidas referentes a la educación superior, está dado por el llamado Proceso de Bolonia, que consiste en una Declaración firmada en el año 1999 por los ministros de Educación de diversos países europeos, que tuvo como postulados: Libertad de investigación y enseñanza; selección del profesorado; garantías para los estudiantes e intercambio entre universidades, cuya principal crítica es que este proceso profundizó la privatización y mercantilización de la educación pública, pasando de una educación basada en el saber al mero concepto de hacer, centrando su mirada en ofrecer carreras que apunten hacia la eficacia y la productividad, con una educación al servicio de las empresas y el incentivo por ganar dinero, dejando de lado la posibilidad de pensar por cuenta propia, de comprender los procesos para integrarse el mundo que rodea a los estudiantes, lo cual resulta imprescindible para ser una persona que valore su entorno.

Por su parte las universidades, deben concentrar su trabajo de investigación en resolver los problemas locales, pero existe un incentivo perverso que las lleva a la producción en términos industriales de Papers que van hacia todos lados, generando una competitividad inusitada entre los académicos, cuya oferta muchas veces supera a la propia demanda, convirtiéndose en una maquina burocrática que prefiere lo cuantitativo por sobre lo cualitativo, convirtiendo esa conocimiento en un discurso repetitivo y elitista que privilegia una excesiva retórica por sobre el verdadero valor del aporte a lo local, debido a que el acceso limitado de los círculos académicos se aleja de la cotidianeidad, en tanto, genera una brecha cognitiva entre quienes realizan investigación y la ciudadanía en general.

En definitiva, la educación superior constituye uno de los vehículos más importantes para valorar el Desarrollo Económico Local, donde el plano urbano y rural cobra relevancia a la hora de abordar el territorio, buscando encontrar los equilibrios necesarios que permitan colocar en valor, tanto los elementos de la naturaleza, así como también la dinámica acción de los actores público y privados que colaboran constantemente para pensar en el presente y futuro de las nuevas generaciones.

 

Guido Asencio Gallardo

Académico