En esta columna trataré sobre la importancia del arte y la cultura para la civilización humana, y conectarlo con el fenómeno de la pandemia, sabiendo que en estos tiempos es difícil concentrarse y mantener la mente ocupada, sin embargo, sirve como una forma de desarrollar la capacidad crítica del mundo que nos rodea, por lo tanto, es la oportunidad para entregarle a esta pausa obligada una cuota de emoción para reflexionar acerca de la actualidad y lo que se viene, sabiendo que ninguna crisis ha durado por siempre.

La capacidad creativa propia del arte expresa la necesidad que tenemos de establecer parámetros que alimenten la imaginación, el trabajo en comunidad, la identidad, el desarrollo de emociones y perspectiva, constituyendo elementos sustanciales para graficar el presente y futuro. Por su parte la cultura es definida como expresión de creencias, formas de vida y valores que se manifiestan de manera colectiva, por lo tanto, ambas expresiones conectan directamente al ser humano con su entorno, por eso es un llamado a no perder ese vínculo entre el sujeto con el objeto como fenómeno siendo parte insoslayable de este.

En la clásica pirámide de Maslow se señala que la cultura corresponde a una necesidad no prioritaria, sin embargo, luego de muchas discusiones teóricas, este autor nunca tuvo un consenso absoluto, pues si se invierte esta pirámide, la autorrealización viene a revalorizar el arte y la cultura como verdaderos instrumentos de integración social.  No es posible proyectar una sociedad de equidad sin acceso real a estos elementos, debido a que justamente con aquello es posible encontrar puntos de encuentro que se establezcan como un vínculo genuino de libertad que subyace a la sociedad.  Esto se puede dimensionar por ejemplo con la necesidad de leer un libro, ver una película, escuchar una canción, apreciar una obra de arte, etc., lo cual ayuda a despertar la imaginación, a la salud mental, el pensamiento crítico, tan necesario por estos tiempos, porque la emoción que produce una expresión cultural no es inferior a la razón, pues desde una mirada estética lo racional resulta imposible sin la emoción.

La forma de conectar la cultura y el arte con la actual crisis, está dada con el papel que cumple la necesaria cohesión social, que tiene su génesis en la configuración de un espacio-lugar físico o virtual, donde diferentes actores de la sociedad tienen la posibilidad de confluir en intereses comunes que beneficien su entorno, en esto surgen temáticas que involucran aspectos como: la diversidad cultural, la integración de migrantes, la igualdad de género, etc., las cuales hacen recuerdo del nacimiento de las expresiones artísticas rupestres, como una necesidad de convocar fuerzas positivas para proporcionar el éxito de la caza, en este sentido la natural evolución con este ejemplo de carácter antropológico es posible entenderla como una nueva manera que tendrán los artistas de reconvertirse y graficar por medio de sus expresiones la forma en que el mundo cambia.

En términos generales, es difícil concebir el enfrentamiento de una crisis desarraigada de la dimensión cultural, puesto que intrínsecamente se sostiene un vínculo directo o indirecto con las aspiraciones sociales, donde la ciudadanía, a través de la participación, busca revindicar los temas que son relevantes para el desarrollo desde sus propias perspectivas, lo cual tiene sintonía también con el genuino reclamo relacionado con las desigualdades sociales y económicas existentes en la mayoría de los países, en este sentido el espectro cultural ha sabido construir un lenguaje propio, pero debe aprender a conectarlo con los demás.

La globalización en general tiene una noción eminentemente económica, favoreciendo intercambios comerciales a nivel mundial.  Sin embargo, la importancia de buscar las prerrogativas que ofrece el arte y la cultura, está en rescatar lo esencial, bajo la premisa de abrir caminos hacia la voluntad de apreciar lo sustantivo que representan, que ciertamente no es dar soluciones a conflictos ni problemas, sino que a la contribución de crear escenarios que puedan dar lugar a la reflexión y a una convivencia más amena del ser humano, rechazando la banalización que expresa la llamada “sociedad del consumo”, donde el arte y la cultura a diferencia de la simplicidad de productos y servicios tiene una mirada a largo plazo que permite la trascendencia. Algunos autores reemplazan el término globalización que se refiere solamente a lo económico por la mundialización que incluye los fenómenos sociales y culturales que ocurren en la interacción entre las personas y/o instituciones respecto al intercambio de información, de ideas, de creencias, de culturas y lo más importante de valores.

En definitiva, el desafío está en pensar en la resolución de esta crisis con una perspectiva más holística, donde ciertamente el cambio en la forma de entregar las expresiones culturales y artísticas deberán dar un vuelco hacia las tecnologías digitales, sin perder de vista que constituyen un bastión fundamental para el desarrollo del país, independientemente de las limitaciones existenciales. Es innegable que las predicciones en torno a la economía no son auspiciosas para los próximos meses, las alternativas de la autorrealización ayudarán a mantener viva las expectativas, para lo cual solamente se necesita la disposición de abrirse a la posibilidad de que vendrán nuevos paradigmas que se alinearán para fortalecer el alma de las personas desde el arte y la cultura.

 

GUIDO ASENCIO GALLARDO

Académico