* Columna de opinión del Prof. Carlos Amtmann Moyano, Director del Centro de Educación Continua de la Universidad Austral de Chile.

Yuval Noah Harari describe a la hambruna, la peste y la guerra como problemas enfrentados por los seres humanos desde la antigüedad, la época medieval y en la primera parte de siglo XX. La humanidad ha logrado, en gran medida, alcanzar el control de estos problemas lo que, vinculado a las revoluciones de la biotecnología, infotecnología, la inteligencia artificial y la robótica, conforman condiciones contradictorias para esta fase de Homo sapiens: progreso previamente difícil de imaginar, frente al individualismo, la desigualdad, intolerancia y desvalorización de lo comunitario y los derechos humanos. El narcisismo junto a la concentración del poder en una minoría, limitan la construcción de formas de organización social basadas en la cohesión y la igualdad.

La pandemia de la COVID-19, por una parte, y la crisis psicosocial, económica y democrática de la sociedad chilena, por otra, nos conducen a una confrontación posible de resumir como de la diversidad de ciudadanos y ciudadanas que persiguen la igualdad, la democracia y la paz; frente al “Homo Deus”.

En nuestro estado de civilización se han plateado, por quienes hoy democráticamente han sido encargados y encargadas de la conducción del estado, una serie de medidas basadas en el conocimiento científico y en la coordinación internacional para enfrentar la pandemia que nos afecta tratando de descifrar y controlar las redes de trazabilidad del virus. Valiosa e indispensable expresión de preocupación por el bien común que esperamos tenga éxito a la mayor brevedad posible.

En cambio, la ciudadanía que se moviliza por una vida buena y mejor convivencia ve obstaculizados sus fines por minoritarias y condenables manifestaciones de violencia, junto a intercambios de apreciaciones infructuosas – entre otros factores y afortunadamente con excepciones – por miradas nubladas por el narcisismo y diagnósticos errados por logaritmos de acceso al poder que impiden concordar los pasos conducentes a derrotar la desigualdad y a fortalecer la democracia y la paz. Para ello esperamos que el plebiscito y el proceso constitucional tengan éxito a la mayor brevedad posible.

 

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