Saber reconocer un accidente cerebrovascular a tiempo puede salvar vidas
Por Viviana Cornejo Suil, docente de Terapia Ocupacional de la Universidad Santo Tomás Puerto Montt.
El reciente caso del conductor del sistema RED, increpado por pasajeros que pensaron que manejaba en estado de ebriedad cuando en realidad estaba cursando un accidente cerebrovascular (ACV), y que falleció semanas después, nos enfrenta a una situación tan dura como evitable: no siempre reconocemos a tiempo una urgencia médica.
En Chile, los ingresos a urgencia por accidente cerebrovascular aumentaron un 32,3% en 2025, según registros clínicos en cinco ciudades del país. Este aumento refuerza la necesidad de reconocer sus signos a tiempo. Un ACV ocurre cuando el cerebro deja de recibir el flujo sanguíneo necesario, y sus síntomas pueden aparecer de forma repentina. Entre los más frecuentes está la alteración del lenguaje: la persona comienza a hablar de manera poco clara, con palabras enredadas o difíciles de comprender, e incluso puede no lograr expresarse. Esta manifestación se confunde con facilidad con un estado de ebriedad. No es algo excepcional; existen relatos de personas que han sido fiscalizadas o incluso suspendidas de la conducción porque no logran comunicarse adecuadamente, sin que se advierta que están cursando un evento neurológico.
A esto pueden sumarse otros signos de alerta: debilidad o adormecimiento en un lado del cuerpo, desviación de la boca al sonreír, dificultad para levantar un brazo, pérdida de equilibrio o alteraciones visuales. Señales que aparecen de manera súbita y que requieren atención inmediata. Frente a estos síntomas, la clave es actuar rápido: pedir ayuda o trasladar a la persona a un servicio de urgencia. No esperar, no asumir que “se le va a pasar”, no minimizar lo que está ocurriendo, incluso cuando los signos pudieran ser transitorios.
Este caso también nos invita a reflexionar sobre cómo estamos reaccionando como sociedad. Vivimos en un contexto de alto estrés, desconfianza y respuestas impulsivas, donde tendemos a atribuir conductas inusuales a faltas o irresponsabilidad antes que a una posible condición de salud. Informarnos no es solo una responsabilidad individual, es un acto de cuidado colectivo. Reconocer los signos de un ACV y saber cómo actuar puede marcar una diferencia enorme, pero también lo es mantenerse informado, razonar antes de juzgar, observar con atención y responder con humanidad.











