“Las tradiciones que recreamos en Chile poseen una raigambre judeo-cristiana. Por esta razón comemos 12 uvas, las que simbolizan los 12 meses del año y la abundancia esperada, la que recoge a las 12 tribus de Israel y a los 12 apóstoles cristianos”, plantea el profesor de la carrera de Antropología UACh Dr. Fernando Maureira. 

Así como en otros países, en Chile hay tradiciones y cábalas que buscan atraer la buena suerte en la noche de Año Nuevo. Por ejemplo, comer lentejas o uvas, vestirse con prendas de color amarillo o salir a pasear con una maleta, entre muchas otras. A esto se suma el disfrutar de una abundante cena familiar y vestirse con las prendas más lindas -muchas de ellas nuevas- para atraer renovadas energías para despedir el año que se fue y recibir el que viene.

Sobre este tema, el profesor de la carrera de Antropología UACh, Dr. Fernando Maureira, explica que “todo grupo humano organizado requiere, para su continuidad en el tiempo, dotarse de elementos materiales y  también de un mundo de sentidos y significados, que sustente la relación entre el pasado-presente y futuro. Las tradiciones constituyen parte de ese mundo simbólico, siendo estas expresiones sociales y colectivas, que configuran un imaginario compartido, en el cual el individuo sea capaz de trascender a su propia acción y generar mancomunidad con los demás miembros de su grupo. Por esto las tradiciones de Navidad y final de año son cada vez más amplias y reconocidas. Hace algunos años estas tradiciones se enmarcaban en ámbitos domésticos y usualmente restringidos a la familia. En la actualidad estas son cada vez más públicas y diversas”.

El académico de la Facultad de Filosofía y Humanidades UACh añade que “dados los procesos de transformación se la sociedad postmoderna, las tradiciones y los ritos y acciones asociadas a ella, son el medio de producir integración en un mundo en el cual las personas deben reintegrarse. Las tradiciones de fin de año son la expresión de ser parte de un nuevo ciclo de vida, para lo cual se abandona lo viejo y se reconfigura lo nuevo”.

 

Según comenta, “las tradiciones que recreamos en Chile poseen una raigambre judeo-cristiana, por esta razón comemos 12 uvas, éstas simbolizan los 12 meses del año y la abundancia esperada, la que recoge a las 12 tribus de Israel y a los 12 apóstoles cristianos. Comemos lentejas al filo de las campanadas que anuncian el nuevo año. Otras tradiciones se relacionan con dejar atrás lo malo y mirar con esperanza los nuevo y su abundancia, se queman muñecos, papeles en los cuales se ha escrito todo lo malo que nos ha pasado en el año, se visten ropas nuevas asociadas al simbolismo de los colores, el amarillo asociado a felicidad, alegría y amistad, el rojo de la abundancia monetaria, el blanco a la pureza”.

 

Finalmente, el académico destaca que “nuestras tradiciones son el resultado de un proceso continuo de incorporación y reinterpretación de festividades que nos llegan cotidianamente, a las cuales incorporamos y abandonamos. Nada asegura que nuestras tradiciones se mantengan tal y como las desarrollamos hoy. Sí podemos estar seguros que otras las reemplazarán”.