Por Lucía Valenzuela Carrazola, jefe de carrera Psicología, UST.

Magíster en Psicología Educacional.

 

La vuelta a clases y al ritmo habitual del año pasadas las vacaciones, suele ser un hito importante en la vida familiar y social llegado el mes de marzo. Dentro de los aprontes para el inicio de clases  y la rutina es necesario recordar que se necesita tiempo para retomar el ritmo antes de obtener un rendimiento óptimo, no basta con acostarse temprano el día o fin de semana anterior; los ritmos de sueño-vigilia, alimentación, esfuerzo físico y cognitivo deben prepararse con una o dos semanas de anticipación. Esto implica volver a los horarios para acostarse y levantarse lenta pero sistemáticamente, lo mismo con los horarios de comidas y colaciones y también  con pequeñas  tareas físicas e intelectuales. También es recomendable limitar el uso de video juegos y televisión, acercándolos a los horarios en que se permitirán en la época escolar.

Otro aspecto es la planificación de la rutina, que va a significar ajustar tiempos, necesidades y objetivos a alcanzar en este nuevo año. Resulta beneficioso fijarse metas a conseguir, por ejemplo si hay que subir algún promedio, alcanzar algún nivel académico o mejorar algunas actitudes, mientras más clara y objetiva sea la meta, más fácil será reconocer los pasos necesarios para conseguirla, lo fundamental es que el objetivo sea realista y claramente identificable. Importante también es centrarse en las actitudes o acciones específicas deseables, es decir, en lo que sí queremos lograr, por ejemplo, una anotación positiva, hacer un nuevo amigo/a, etc., reconocer los intereses  de cada niño y, por supuesto, valorar sus esfuerzos y logros.

El retorno a clases, no obstante representa año a año desafíos nuevos a los que enfrentarse, mayores exigencias académicas y actividades que van paulatinamente haciendo a niños y niñas más autónomos e independientes, para ello los niños requieren que sus padres los acompañen en este proceso alentando sus progresos y desafiándolos a realizar por sí mismos las nuevas tareas. Por lo mismo, es recomendable que las familias conversen sobre los retos que trae el nuevo año escolar, de modo de acompañar el crecimiento y brindar los apoyos que sean necesarios, enfocándose en fijarse metas acordes a cada niño y niña, a sus intereses y necesidades. Valorando al mismo tiempo el logro que cada uno vaya alcanzando según sus cualidades y características.

Mientras más pequeños son los niños más concretas y específicas deben ser las acciones a realizar, ayudándole a trabajar en distintas áreas, no hay que olvidar que aunque la escuela ocupa gran parte del tiempo productivo de un menor, éste necesita tiempo y espacio para hacer y cultivar amistades, para jugar sólo y con otros niños de la misma edad, para desarrollar su espíritu, para descubrir y ampliar sus intereses de manera independiente, para hacer deporte, compartir en familia y también tiempo para el ocio y el descanso. Además del tiempo necesario para el estudio y el aprendizaje que será diferente según la edad y el ciclo escolar en el que se encuentre el niño, así por ejemplo la UNICEF recomienda para apoyar el aprendizaje de niños de primer ciclo instalar hábitos de estudio y lectura e interesarse activamente por cómo se desenvuelven en la escuela, sus amigos y profesores. En segundo ciclo sumado a lo anterior, recomienda la exploración del entorno e involucrarse en actividades recreativas y culturales que enriquezcan y complementen los aprendizajes adquiridos en la escuela.

Un detalle es que todas las adaptaciones y planificaciones  se realicen de manera conjunta y participativa, sin con ello olvidar que son los adultos los que tienen la responsabilidad de fijar normas y límites, pero los niños deben ser partícipes de estas normas y contribuir en su justa medida a su aplicación, por ejemplo, pueden colaborar en la preparación de sus útiles escolares, en la definición de la minuta de colaciones o almuerzos, en la definición del deporte a realizar, etc. y no olvidar las metas que contribuyan a potenciar el buen trato entre compañeros y la colaboración entre la familia y la escuela.

Aun así, dado que todas las personas tienen procesos distintos habrá algunos que resientan o rechacen este retorno, cuestión que no debe alarmar pues representa volver a cumplir con tareas y exigencias que se relajaron u olvidaron en el verano y necesitarán tiempos de adaptación distintos, lo importante es acompañar y estar atentos a los apoyos que puedan necesitar. Un aspecto significativo a la hora de retomar las exigencias del nuevo año escolar son los tiempos dedicados al estudio y los deberes escolares sin embargo, no debe confundirse el apoyo al aprendizaje que se realiza en casa con una sobre-escolarización del hogar que muchas veces atenta contra el principio de la formación integral y constituye un foco importante de estrés que afecta a toda la familia. Las exigencias escolares incluyen tareas, estudios, preparación de material, presentaciones, etc., no obstante en muchas ocasiones estas obligaciones ocupan gran parte del tiempo “libre” de los escolares, ese que debiese estar dirigido al resto de sus necesidades de desarrollo físico, cultural, descanso, alimentación y ocio. Sí es importante la formación de hábitos y la colaboración familia-escuela, pero siempre resguardando que los niños desarrollen todas sus facetas y tengan tiempo de descanso y vida familiar.

Un buen equilibrio entre cada una de las obligaciones y destinar el tiempo justo a cada área de desarrollo repercute positivamente en el auto-concepto pues permite que niños y niñas enriquezcan todas las áreas de su vida.