Del impulso al tropiezo: los errores políticos y comunicacionales que golpean al Gobierno de Kast en tiempo récord

 El Ejecutivo enfrenta su primera gran prueba en medio de un escenario económico adverso, pero el mayor desafío no está solo en las cifras, sino en cómo se explican. Expertos advierten que una comunicación débil, poco clara y desconectada de la ciudadanía puede erosionar rápidamente la confianza, incluso cuando las medidas son necesarias.

El Gobierno del Presidente José Antonio Kast enfrenta su primer punto de inflexión político a pocos días de haber asumido. La última encuesta Plaza Pública Cadem muestra un giro relevante: la aprobación cae a 47% y la desaprobación sube a 49%, marcando el fin anticipado del impulso inicial.

El contexto económico explica parte importante del deterioro. El Banco Central elevó la proyección de inflación para 2026 a 4,0%, redujo las expectativas de crecimiento y descartó bajas de tasas en el corto plazo. A esto se suma el fuerte aumento en el precio de los combustibles, que impactará directamente a la gran mayoría de los hogares.

Sin embargo, más allá de las variables económicas, el factor que hoy concentra el análisis es otro: la comunicación del Gobierno.

La forma en que el Ejecutivo ha explicado sus decisiones – particularmente al instalar la idea de un “Estado en quiebra”- no ha logrado sintonizar con la percepción ciudadana. Según Cadem, solo un 33% cree que el país enfrenta una situación crítica, mientras que un 43% considera que sí existen recursos. Esta brecha revela un problema de fondo: el mensaje no está siendo comprendido ni validado.

Para el académico especialista en opinión pública y magíster en comunicación estratégica, Rodrigo Durán Guzmán, el error es claro: “Gobernar no es lo mismo que hacer una campaña presidencial. Hoy el principal desafío del Gobierno no es sólo económico, es comunicacional. Si las decisiones no se explican bien, pierden legitimidad, incluso cuando son necesarias”.

Durán subraya que ningún gobierno debería tensionar su capital político en sus primeros días de instalación ya que cuando eso ocurre “normalmente no es por la medida en sí, sino por cómo se comunica y cómo se implementa. Las políticas públicas que afectan a la ciudadanía deben aplicarse con gradualidad, diálogo y sentido de realidad”.

“Por ejemplo, el gobierno del Presidente Gabriel Boric también partió con un tono duro, con posiciones muy marcadas, que luego debieron moderarse tras la derrota del primer proceso constitucional. Esa experiencia dejó una lección clara: la realidad de gobernar obliga a ajustar el discurso, a escuchar más y a comunicar mejor”.

El académico enfatiza que el equipo del Presidente Kast debe dar un giro urgente donde no tienen más tiempo que perder y si hay que hacer ajustes – o cambios – hay que hacerlos a la brevedad.

“Es clave dejar atrás la lógica de campaña. Gobernar implica entender la complejidad del Estado, priorizar, negociar y, sobre todo, comunicar con claridad. La ciudadanía no necesita consignas, necesita explicaciones simples, directas y honestas”.

Desde su perspectiva, el problema no es reconocer una situación fiscal compleja, sino cómo se transmite porque por ejemplo, hablar de “Estado en quiebra” genera rechazo y desconfianza. Es mucho más efectivo explicar que existen restricciones fiscales y que, por lo mismo, los recursos deben priorizarse en áreas urgentes como salud, empleo o educación. Eso es comunicación con sentido”.

Asimismo, Durán propone avanzar hacia una narrativa más pedagógica, empática, cercana y de sentido común:

“Cuando se traduce el déficit en ejemplos concretos – como cuántas escuelas, consultorios o proyectos sociales equivalen esos recursos – la ciudadanía logra dimensionar mejor el problema. Esa es la diferencia entre informar y realmente comunicar”, concluye el académico Rodrigo Durán Guzmán añadiendo que el desafío del Gobierno no es menor y el gobierno deberá mejorar su coordinación interna, alinear vocerías y construir un relato coherente que permita recuperar la confianza, ya que una mala comunicación puede convertir una decisión necesaria en un problema político como lo que está viviendo – actualmente – el gobierno del Presidente José Antonio Kast.

 

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