Puerto Montt celebra a vecina de 105 años en su hogar en Valle Volcanes.
El objetivo de brindar un afectuoso reconocimiento a los vecinos más longevos de la comuna, por su aporte y esfuerzo al desarrollo de la ciudad, llevó esta vez al municipio de Puerto Montt hasta el sector de Valle Volcanes, hogar de la señora María Adela Parancán Llancapani, quien cumplió 105 años de edad.
La señora María Adela nació el 6 de agosto de 1921, en el sector Estero Pichicolo, a 80 kilómetros de Calbuco. Como parte de una familia de nueve hermanos, de los cuales actualmente sobreviven ella y su hermana Orfina (91), el destino señala una ruta de esfuerzo y preocupación por el cuidado de sus seres más queridos.
Hoy vive bajo el acompañamiento de su sobrino Guido Parancán, en un hogar en que recibe el afecto y atención de familiares, especialmente, de sus sobrinas y nietas.
Para Yerco Rodríguez, encargado de la Dirección de Desarrollo Comunitario (Dideco), el nuevo cumpleaños de la señora María Adela, que festejó junto a su familia, refleja la importancia de brindar cuidado y amor a los adultos mayores. “Para nosotros como municipio es fundamental esta conmemoración. No sólo es un reconocimiento a la cumpleañera, sino que además a sus familia. Ellos se han esforzado por mantenerla como adulta mayor con la vitalidad que tiene. También con la felicidad y buen trato que muestra. Nos enorgullece como Municipalidad”, dijo.
Mientras que una de las sobrinas de la festejada, Paola Parancán, resaltó el gesto del municipio de saludar a una vecina centenaria en la cuidad. “Fue un gesto muy noble y bonito. Significa mucho ella para nosotros. Porque son años de experiencia. Nos cuenta historias. Es importante que los nietos sean más cariñosos con sus abuelas. Que se preocupen más de adulto mayor. Por lo general, están carente de cariño y amor. Eso es lo que requieren ahora”, afirmó.
El destino llevó en un comienzo a María Adela Parancán Llancapani a trasladarse Santiago para trabajar en una casa particular, para regresar a su tierra natal en 1960 con el fin de hacerse cargo del cuidado de sus padres y una hermana, que requería de su acompañamiento. Nunca tuvo hijos ni contrajo matrimonio.
Entre sus recuerdos de infancia, relata que desde los seis años, junto a sus hermanos y en la casa de sus padres, iniciaban sus actividades entre las 4.00 o 5.00 de la madrugada. Rememora con especial cariño la variedad de frutos que recogían en el lugar -grosellas, zanahorias, nabos, papas y trigo-, además de diversos árboles frutales. Así como la crianza de cerdos, evocando una vida familiar vinculada al trabajo de la tierra.










