Una alimentación equilibrada, un descanso adecuado, la estimulación temprana y un uso responsable de las pantallas fortalecen el cerebro desde los primeros años y contribuyen a prevenir alteraciones neurológicas en el futuro.
El cerebro comienza a desarrollarse desde la gestación y continúa su maduración durante la infancia, una etapa decisiva para el aprendizaje, la memoria, el lenguaje y el desarrollo emocional. Por ello, factores como una alimentación saludable, el sueño, la actividad física, la estimulación y un entorno afectivo seguro son fundamentales en su desarrollo, favoreciendo un mejor desempeño cognitivo y ayudando a disminuir el riesgo de enfermedades neurológicas a lo largo de la vida.
En ese sentido, la Dra. Marcela Paredes, neuróloga infantil de Clínica Santa María, explica que la protección del cerebro empieza incluso antes del nacimiento. «Es importante entender que el cerebro debe ser cuidado desde el momento de la concepción, porque es un órgano que se está formando y que dirigirá todas las funciones del organismo durante la vida«, señala.
Reconocer las señales de alerta también es prevención
Además de los hábitos saludables, la prevención también implica realizar controles médicos periódicos y estar atentos a cambios que puedan indicar un problema neurológico. Durante la infancia, el pediatra cumple un rol fundamental en la detección temprana de alteraciones del desarrollo y, posteriormente, estos controles deben mantenerse con el médico tratante cuando sea necesario.
Respecto de los factores que muchas veces pasan desapercibidos, la Dra. Paredes enfatiza que «el estado emocional influye enormemente en el funcionamiento del cerebro. Por eso es fundamental favorecer ambientes familiares, escolares y sociales saludables, ya que también ayudan a mantener buenos hábitos de sueño, alimentación y ejercicio«.
La especialista agrega que existen síntomas que no deben normalizarse, sobre todo en los más pequeños. Alteraciones persistentes del sueño, problemas de memoria, dificultades para concentrarse o para realizar actividades que antes eran habituales son señales que justifican una evaluación médica.
Al mismo tiempo, la neuróloga advierte que el uso excesivo de pantallas, especialmente durante la primera infancia, puede afectar el desarrollo de las conexiones neuronales y limitar la interacción con el entorno. Por ello, recomienda fomentar el juego, la actividad física, la lectura y las relaciones sociales, promoviendo un uso equilibrado de la tecnología desde edades tempranas.










