Sistema inmune en el curso de la vida: claves nutricionales desde el embarazo hasta la vejez
Por Caroline Yans Paredes, directora carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad Santo Tomás Puerto Montt.
Cuando pensamos en nuestro sistema inmune, generalmente lo hacemos cuando nos resfriamos o enfermamos, sin embargo, es importante tener presente que este sistema se construye, modula y deteriora a lo largo de toda nuestra vida y que la alimentación ocupa un papel fundamental para determinar la calidad de nuestras defensas en cada una de estas etapas.
Desde el útero a los primeros años: la dieta materna es quien comienza a programar el sistema inmune del bebé desde antes del nacimiento. Un aporte adecuado de ácidos grasos omega 3, hierro, vitaminas del complejo B y zinc durante el embarazo condiciona el desarrollo de la inmunidad innata de ese recién nacido. Luego, la lactancia materna es quien aportará las inmunoglobulinas, probióticos y bacterias que consolidarán la microbiota del recién nacido y con ello su sistema inmune. Posteriormente, cuando se incorpora la alimentación complementaria, se agregan también nutrientes para la salud inmunológica, en donde la alimentación debe ser diversa para fortalecer y mantener una adecuada microbiota intestinal, la cual reduce el riesgo de alergias, eccemas y enfermedades autoinmunes futuras.
En la adultez, es importante mantener una alimentación variada, ya que, el consumo de alimentos ultraprocesados, ricos en azúcares y grasas saturadas, genera un estado de inflamación en el adulto que afecta su función inmunológica. De acuerdo con esto, una diversidad en el consumo de alimentos (frutas y verduras, lácteos, legumbres, granos y fibra) producen ácidos grasos de cadena corta que son muy importantes para un adecuado control metabólico e inmunológico, disminuyendo la inflamación crónica de bajo grado y el desarrollo de ciertas enfermedades crónicas. Además, el presentar obesidad, disbiosis intestinal (desequilibrio de la microbiota donde aumentan las bacterias dañinas por sobre las beneficiosas) y resistencia a la insulina, afectan nuestro sistema inmune.
En el envejecimiento, ocurre un proceso llamado inmunosenescencia, definido como la disminución normal del sistema inmunológico producto del envejecimiento. Para potenciar la barrera inmunológica en esta etapa, es importante el consumo de vitamina D, vitamina E, zinc y consumo de probióticos. Hay que destacar que la inmunosenescencia es el factor común de la mayoría de las enfermedades no transmisibles, incluyendo enfermedad de Alzheimer, enfermedades cardiovasculares y el cáncer.
Por lo tanto, es fundamental destacar que la dieta es el factor modificable más importante para intervenir la función inmunológica en cualquier etapa de la vida.










