La formalización, un desafío pendiente para la podología en Chile
Por Luisa Arévalo Acuña, jefa de carrera de Técnico en Podología Clínica del Centro de Formación Técnica Santo Tomás Puerto Montt.
La profesionalización de una disciplina no depende únicamente de obtener un título. También exige ejercer dentro del marco legal, cumplir la normativa vigente y formalizar la actividad ante el Estado. En la podología chilena, este último aspecto sigue siendo un desafío.
Aunque la profesión está regulada por el Decreto Supremo N° 951 de 1968 del Ministerio de Salud, muchos técnicos de nivel superior no realizan el Inicio de Actividades ante el Servicio de Impuestos Internos (SII). Lo que podría parecer un simple trámite administrativo tiene importantes repercusiones para el reconocimiento y desarrollo de la profesión.
Para ejercer formalmente se requiere contar con un título otorgado por una institución reconocida por el Estado, inscribirse en el Registro Nacional de Podólogos de la Seremi de Salud y declarar el Inicio de Actividades en el SII bajo el código 869090, correspondiente a actividades de atención de la salud humana. Este paso permite acreditar que la atención podológica constituye una prestación sanitaria y no un servicio meramente estético.
¿Por qué muchos profesionales no lo hacen? Las razones más frecuentes son el desconocimiento de la normativa, el temor a las obligaciones tributarias y la falta de orientación. Persiste, además, la creencia de que la retención de impuestos representa una pérdida definitiva, cuando en realidad corresponde a un anticipo que se regulariza en la declaración anual de renta.
La informalidad limita seriamente el ejercicio profesional. Quien no está formalizado no puede emitir documentos tributarios válidos ni acceder con facilidad a contratos con clínicas, mutualidades, aseguradoras o establecimientos públicos. También queda expuesto a sanciones y dificulta la generación de estadísticas que permitan fortalecer la disciplina y avanzar en mejores condiciones para quienes la ejercen.
La formación técnica actual promueve profesionales autónomos, capaces de gestionar su ejercicio con responsabilidad y apego a la normativa. Sin embargo, esa autonomía solo se concreta cuando la práctica se desarrolla dentro de la legalidad.
Fortalecer la podología en Chile requiere avanzar no solo en competencias clínicas, sino también en una cultura de formalización. Cada profesional que regulariza su ejercicio contribuye a otorgar mayor credibilidad, reconocimiento y proyección a una disciplina que cumple un importante rol en la salud de las personas.
Ser profesional no es solo saber atender; es también ejercer con responsabilidad, legalidad y compromiso con el desarrollo de la profesión.










