Fragmentación de plásticos y su impacto en el medioambiente
Por Dr. Juan Pablo Fuentes Silva, docente del Departamento de Ciencias Básicas de la Facultad de Ciencias de la Universidad Santo Tomás Puerto Montt.
En general, cuando se habla de contaminación por plásticos, muchas veces se piensa en lo obvio, una tortuga atrapada en una red, en la acumulación de desechos arrastrados en el mar o simplemente en una botella flotando en el agua. Imágenes que solo muestran la punta de una realidad mucho más compleja que eso, ya que los plásticos se fragmentan y su impacto se vuelve menos evidente, pero más peligroso.
El proceso comienza cuando los plásticos de mayor tamaño se rompen en mesoplásticos y, posteriormente, en microplásticos de menos de cinco milímetros. Desde inicios de los años 2000, estos fragmentos han sido detectados en aguas remotas, en organismos marinos, en el aire e incluso hoy en regiones tan aisladas como la Antártica, evidenciando su capacidad para infiltrarse en diversos ambientes. Con el tiempo, la radiación, el oleaje y la abrasión continúan reduciendo su tamaño hasta generar nanoplásticos de menos de un micrómetro, cuyo estudio se ha intensificado en la última década debido a su habilidad para atravesar tejidos, acumularse en órganos, asociarse a diversos contaminantes y desplazarse miles de kilómetros por aire o mar, ampliando aún más su alcance y peligrosidad.
La situación es aún más preocupante si consideramos que la producción mundial de plásticos supera los 400 millones de toneladas al año y que menos del 10% se recicla, volumen que ya sobrepasa la capacidad del océano para degradarlos, por lo que su presencia se extenderá por décadas incluso si se dejan de producir. Ante este escenario, la ciencia ha avanzado en el estudio de estos fragmentos, impulsando mejoras en técnicas de filtración, separación y soluciones biológicas. Sin embargo, su eficiencia disminuye a medida que las partículas se hacen más pequeñas, especialmente en el caso de los nanoplásticos. Estas limitaciones han motivado la investigación de alternativas que actúen antes de que los residuos lleguen al mar, como los Procesos de Oxidación Avanzada, capaces de degradar compuestos orgánicos, modificar la superficie de los fragmentos y reducir la carga química asociada, aunque su implementación a gran escala aún presenta desafíos que resolver.
Enfrentar la contaminación por plásticos requiere no solo comprender cómo se fragmentan y cuáles son sus efectos, sino también desarrollar tecnologías que reduzcan su impacto, fortalecer el reciclaje, disminuir la generación de residuos y promover alternativas de menor impacto ambiental. En un país como Chile, donde el mar sostiene ecosistemas y economías esenciales, la presencia de micro y nanoplásticos que alteran cadenas tróficas, dañan especies clave y llegan a nuestro consumo a través de alimentos del mar, productos agrícolas expuestos a partículas transportadas por el aire o incluso del agua que bebemos demuestra que el problema dejó de ser únicamente ambiental para convertirse en un desafío sanitario y económico, cuyo control dependerá de una acción conjunta entre la ciencia, las políticas públicas y las decisiones cotidianas.










