Por Juan Pablo Catalán, académico Facultad de Educación UNAB.

Chile se enorgullece de liderar, junto a Brasil, el desarrollo de LatamGPT, una inteligencia artificial que busca hablar nuestro idioma y entender nuestra cultura, un proyecto coordinado por el Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA).

El Ministerio de Educación ha celebrado este avance como parte de la agenda digital, y sin duda es un hito para la región. Pero mientras nos entusiasmamos con la innovación, surge la pregunta incómoda: ¿de qué sirve construir un modelo latinoamericano si nuestras aulas aún no saben cómo enseñar con IA?

La UNESCO advierte que la educación debe girar hacia el desarrollo de competencias del siglo XXI —pensamiento crítico, resolución de problemas, alfabetización digital—, y la OCDE ha reiterado que ningún país puede hablar de innovación sin una sólida formación docente. ¿Estamos formando a nuestros profesores para integrar la IA con criterio pedagógico, o seguimos pensando que todo se resuelve con más conectividad y equipos?

Porque sí, Chile está mejor posicionado que la mayoría de los países de la región: según datos del propio Mineduc, más del 95 % de los establecimientos tiene acceso a internet, y el país lidera en velocidad de conexión en América Latina. Sin embargo, la OEI ha advertido que menos del 20 % de los docentes en la región recibe capacitación específica en tecnologías emergentes, y en Chile, los planes de formación en IA son todavía incipientes.

El Marco de Competencias Digitales Docentes del CPEIP propone que los profesores no solo usen tecnología, sino que la integren con ética, sentido crítico y creatividad. ¿Cuánto de esto ocurre en la práctica? ¿Cómo enseñamos a nuestros estudiantes a cuestionar una respuesta generada por IA, a usarla para aprender y no para copiar? Si no asumimos esta tarea, corremos el riesgo de llenar las aulas de pantallas brillantes, pero vacías de pensamiento.

Por eso, la verdadera transformación no depende de modelos lingüísticos ni de promesas tecnológicas, sino de políticas claras que pongan en el centro la formación docente. Chile necesita un plan nacional que garantice que cada maestro aprenda a usar la IA para potenciar la curiosidad, el diálogo y la creatividad, siguiendo estándares internacionales y resguardando la ética en el aula.

Educar con inteligencia artificial no significa dominar comandos, sino cultivar humanidad en un mundo hiperconectado. LatamGPT puede ser la llave de un futuro prometedor, pero esa puerta solo se abrirá si formamos profesores capaces de guiar a sus estudiantes en un escenario donde la inteligencia artificial no sustituye el pensamiento, sino que lo amplifica. Y la pregunta que queda en el aire es simple, pero urgente: ¿estamos listos para dar ese paso o dejaremos que la tecnología avance más rápido que nuestra capacidad de educar?