Pedro Engelberth Cárcamo Rival       
                                Trabajador Social

                     Diplomado en Gestion Publica.

 

A través de esta columna, quisiera llamar la atención de las
autoridades, instituciones y la ciudadanía en general sobre la
necesidad urgente de fortalecer el desarrollo rural en la provincia de
Llanquihue, particularmente en comunas como Calbuco, Fresia, Puerto
Varas, Los Muermos, Maullín, entre otras localidades donde la
agricultura familiar campesina continúa siendo el eje central de la
economía local, el sustento de muchas familias y un componente
esencial de la identidad cultural del territorio.

El mundo rural en nuestra provincia no solo provee alimentos, sino
también saberes tradicionales, paisajes vivos, formas de organización
comunitaria y prácticas sustentables que merecen ser reconocidas,
valoradas y protegidas. Sin embargo, pese a ciertos avances en
políticas sectoriales, muchas familias campesinas continúan
enfrentando desafíos estructurales que dificultan su desarrollo:
caminos en mal estado, escaso acceso a agua potable y sistemas de
riego, conectividad digital deficiente, dificultades para
comercializar en mercados justos, y una creciente exposición a los
efectos del cambio climático, que impactan directamente en la
producción agrícola, ganadera y pesquera.

Estas limitaciones no solo comprometen el bienestar de las familias
que viven en los sectores rurales, sino que también afectan a toda la
región, al reducir nuestra capacidad de garantizar una producción
alimentaria local. Asimismo, la falta de
oportunidades para los jóvenes rurales genera un fenómeno constante de
migración hacia centros urbanos, lo que conlleva al despoblamiento del
campo y a la pérdida progresiva de saberes y prácticas que han dado
forma a nuestro paisaje y cultura.

Por ello, es fundamental que las políticas públicas y las inversiones
regionales pongan en el centro al mundo rural, con una mirada
integral, participativa y de largo plazo. Es necesario avanzar en
programas que fortalezcan la pequeña agricultura, promuevan el turismo
rural con identidad local, mejoren el acceso a servicios básicos de
calidad (educación, salud, transporte), y fomenten la asociatividad y
el trabajo colaborativo entre productores. La implementación de
tecnologías apropiadas, la capacitación técnica y el acompañamiento
institucional también deben ser ejes prioritarios.

El desarrollo rural no debe ser entendido como un tema secundario o
meramente asistencial. Muy por el contrario, constituye una base
estratégica para la cohesión social, la seguridad alimentaria, el
equilibrio territorial y la sostenibilidad ambiental de nuestro país.
Invertir en el campo es invertir en el futuro.

                             Pedro Engelberth Cárcamo Rival       
                                   Trabajador Social

                     Diplomado en Gestion Publica.