Katherinne Brevis Arratia,

Secretaría Ejecutiva AVD, UACh,

Sede Puerto Montt

 

El día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer se concibe como un día histórico, conmemorativo, y por sobre todo reivindicativo. Nos interpela con interrogantes en torno a los reales avances que Chile y particularmente la región han alcanzado en la erradicación de todas las violencias hacia las mujeres.

Realizar un análisis acucioso de esta situación implica ampliar el foco y mirar con lentes violetas que esta problemática va más allá de los femicidios, que son una de las expresiones más extremas de la violencia machista y su ocurrencia no es casual, responde a patrones culturales asentados en estructuras de poder que producen y reproducen la violencia contra mujeres y niñas, hombres comunes y corrientes que deciden terminar con las vidas de mujeres, amparados en la profunda convicción cultural de que esas vidas y esos cuerpos les pertenecen.

La violencia estructural, no es nunca una experiencia personal, sino más bien acusa la armonía que existe entre el capitalismo y el patriarcado, motivo por el cual la crítica al patriarcado debe ser también una crítica del neoliberalismo.

Una muestra de ello es como por estos días, en medio de esta histórica movilización nacional hemos visto como se sigue utilizando la violencia sexual en mujeres como castigo, siendo por una parte violencia simbólica, psicológica y sexual, siendo esta última la que más limita la libertad de las mujeres, el sentimiento de inseguridad y la necesidad de demostrar que no han sido ellas las culpables de un crimen. A la base de este tipo de violencia se encuentra la normalización que se hace sobre los piropos, el acoso sexual callejero, los “chistes” sobre violación, la cosificación de las mujeres, etc. Esto también se da en el ámbito “privado”, al interior de relaciones de pareja en donde el consentimiento parece no ser necesario.

Los diferentes agentes socializadores, quienes han reproducido estereotipos de género deben hacerse cargo hoy con tenacidad para lograr personas libres y respetuosas sin importar su sexo. Es así como en la Universidad Austral, existe un compromiso institucional que viene ya desde el año 2015, en donde se está avanzando hacia una agenda que contribuya al desarrollo de una política de igualdad de género, constituyéndose en “pequeños espacios de rebeldía”, como los llamó Julieta Kirkwood.